viernes, 8 de septiembre de 2017

Alerta pero sin alarmarse

En esta semana de "últimas noticias de la próxima guerra", en medio de preparativos de uno y otro lado del mundo, la literatura y sus juegos nos consuelan, una forma de la esperanza:

Hipótesis 
sobre un dibujo de Shaun Tan de Cuentos de la periferia, Barbara Fiore editora.


¿Qué son? ¿Lapiceras o cohetes?
Son taaaaan altas.
¿Son lapiceras?
Serán lapiceras cohetes.
Qué raras.
¿Serán torres?
¿Cuántas puntas tendrán? ¿Y por dentro?
¿Será una base secreta?
¿O torres de vigilancia?
¿Será la base A705?
¿O serán bases que han hecho los niños?
¿Nos estarán invadiendo?
¿Unos pájaros de vigilancia que no dejan que salgas?
Tal vez los niños que están dentro de esas bases puntiagudas como torres, nos defenderán de los pájaros.
¿O los niños habrán sido raptados en la torre A705?
¿Tenemos a Terminator de nuestro lado?
No, no lo creo.
Todos al chorizo!
Chan chan chan.


Gino, Juani y Rogelio



Y el cuento de Shaun Tan:

Alerta pero sin alarmarse

Tiene gracia que ahora que todo el mundo tiene su proprio misil balístico intercontinental en casa ya nadie piense en ello. Al principio los repartieron al azar.
En un primer momento fue muy emocionante: algún conocido recibía una carta del gobierno y al cabo de una semana un camión le llevaba el misil. Después tenía que haber uno en la casa de cada esquina, más tarde también en la de los vecinos de éstas, hasta el punto que hoy en día resultaría extraño que alguien no tuviera un misil junto al cobertizo del jardín o junto al tendedero.
Sabemos por qué los tenemos ahí, por lo menos tenemos una idea aproximada de ello. Sabemos que debemos proteger nuestra forma de vida en un entorno cada vez más hostil, que todo el mundo debe participar en la seguridad nacional (aliviando la presión a la que están sometidos los almacenes armamentísticos) y, sobre todo, que cada cual tiene derecho a sentirse recompensado con la sensación de estar aportando su granito de arena.
Es un compromiso modesto. Sólo implica limpiar y encerar el misil el primer domingo de cada mes y, de vez en cuando, echar un vistazo a la varilla del nivel de aceite. Una vez cada varios años recibes una caja con un bote de pintura, señal inequívoca de que ha llegado el momento de eliminar cualquier rastro de óxido del misil y de que hay que darle una mano de pintura de color gris plomo.
Muchos de nosotros, no obstante, hemos empezado a pintar los misiles con otros colores e incluso hay quien se ha animado a decorarlos con dibujos de mariposas o motivos florales. Ocupan tanto espacio en el jardín que lo mínimo que podemos hacer es intentar que queden bonitos.
Además, los panfletos del gobierno no prohíben utilizar otros tipos de pintura que no sean los que ellos te proporcionan. Últimamente también nos hemos acostumbrado a cubrirlos de lucecitas por Navidad. Deberíais subir a la montaña de noche y ver los centenares de agujas encendidas que brillan y parpadean en la oscuridad.
Además, al misil del jardín se le pueden dar un montón de usos prácticos. Si destornillas la tapa inferior y sacas los cables y todo el resto, puedes utilizar el espacio como semillero o para guardar las herramientas, las pinzas de tender la ropa o la leña. Si se renueva un poco más a fondo, puede transformarse fácilmente en una fantástica «cabaña-cohete espacial» y, si tienes perro, puedes ahorrarte la caseta.
En una de las casas incluso han plantado una chimenea en la parte superior del misil y lo han transformado en horno para pizzas. Sí, todos sabemos que es muy posible que el día que el gobierno decida finalmente venir a buscarlos, los misiles ya no funcionen, pero con el paso del tiempo hemos dejado de preocuparnos por eso.
En el fondo, la mayoría tenemos la sensación de que es mejor así. Además, albergamos la esperanza de que, si en los países del otro lado del mundo las familias también tienen los misiles en el jardín de casa, armados y apuntados hacia nosotros, también ellos les hayan encontrado aplicaciones mucho mejores.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Me acuerdo...

Me acuerdo del miércoles que trabé la puerta del Museo y no podíamos salir.
Me acuerdo de las veces que Eli olvidó dejarme la llave.
Me acuerdo de cuando Emilia dijo que acaso somos piojos en la gran cabeza del mundo.
Me acuerdo de Renato jugando con su campera y sus brazos. Me acuerdo cómo nos reímos.
Me acuerdo de los tristes poemas de amor de Dana. Me acuerdo de que me daban ganas de llorar.
Me acuerdo de cuando dibujamos las esculturas de Rafael Martín. De cómo se estiraba todo.
Me acuerdo del día que estaba sola con Emilia y escribimos sobre la lluvia.
Me acuerdo del tiburón de un triángulo que Renato leyó tantas tantas veces.
Me acuerdo de cuando llegó Juani, estábamos haciendo postales.
Me acuerdo de la alegría cuando llegaron los libros de Poesía en la escuela con los poemas de las chicas y los chicos.
Me acuerdo del lavarropa lavamundo de Rogelio y de que no me olvidé nunca.
Me acuerdo de cómo les gustó leer a Girondo y cómo yolleamos toda la clase.
Me acuerdo de La Tarara que cantamos rimando palabras de una cajita.
Me acuerdo del picnic de la primavera. Me acuerdo del juego de las preguntas.
Me acuerdo cuando a la pregunta ¿Qué es un hombre? le correspondió la respuesta: Una mascota.
Me acuerdo de cuando leímos Bruno la oveja. Me acuerdo cómo nos reíamos.
Me acuerdo de cuando María Antonia nos leyó poemas de Andan descalzas y después Emi escribió que todo deja huella en algún lugar.
Me acuerdo de William Carlos Williams y sus ciruelas y de cómo escribimos nuestras notas en papelitos verdes.
Me acuerdo de la nota de Dana para Bella.
Me acuerdo de los poemas visuales, de todos.

Me acuerdo de mi alegría de los miércoles.
Me acuerdo de ustedes: Dana, Emilia, Rogelio, Juani, Renato...¡Gracias!!


martes, 20 de septiembre de 2016

Quizá todo esto...





-¿Y si los humanos (y humanas) fuéramos piojos en la cabeza de alguien, en la cabeza de un ser gigante? - preguntó Emilia y en el acto recordé un poema de Wislawa Szymborska en el que nos imaginaba parte de un experimento de vaya a saber quién.
Llevé a Wislawa al taller -la bella edición azul de Fondo de Cultura- y pasaron cosas maravillosas.

El poema de W.S.

Quizá todo esto

Quizá todo esto
esté sucediendo en un laboratorio.
Bajo una lámpara de día
y millones de lámparas de noche.

Quizá seamos una generación de prueba
vertidos de un recipiente a otro
agitados en las retortas,
observados por algo más que un ojo,
cada uno por separado
cogidos al final con pinzas.

Quizá de otro modo:
sin intervenciones.
Los cambios suceden por si mismos
conforme al plan.
La aguja gráfica dibuja lentamente
los zigzags previstos.

Quizá hasta ahora no haya en nosotros nada interesante.
Los monitores de control pocas veces se conectan.
Solo si hay una guerra, y de las grandes.
Algunos vuelos más allá del terrón de la Tierra.
O grandes migraciones del punto A al punto B.

Quizá al revés:
Solo les agraden los episodios.
He aquí una chiquilla en una gran pantalla
cosiéndose un botón a la manga.

Los sensores silban,
el personal acude.
¡Ay qué personaje es éste
con su pequeño corazón latiendo dentro!
¡Qué seriedad tan graciosa
al enhebrar la aguja!
Alguien exclama exaltado:
¡Avisen al Jefe,
que venga y lo vea él mismo!



Y lo que siguió después de la lectura:

Quizá todo esto
esté sucediendo...
en una gran cabeza, con muchos piojos.
Nosotros somos los piojos.
Alguien está despiojando la gran cabeza de la Señora Mundo.
Justo ahora pasa ese pinchoso peine al lado de mi mano.
Ayyyyy....nooooooo....me caigoooo....

Emilia Chiaradia
(9 años)




Quizá...
un chico nos esté manejando y nosotros seamos muñecos chiquititos.
¿O no será quizá, un mundo debajo de la cama que alguien está haciendo en este momento? Uh! todo se vuelve oscuro. ¿Por qué se vuelve oscuro?
O quizá estemos todos dentro de un tubo de ensayo en una gran biblioteca.
O quizá estemos en una gran maqueta.
O quizá seamos muñecos chiquititos que viven en los bolsillos de gigantes, pelusas de los bolsillos de los gigantes.

Nacho Bullón ( 9 años)


Quizá...
estemos en una casa y seamos muñecos en fuga por temor a ser eliminados.
(Yo me salvé escondiéndome debajo de la cama y he intentado salvar a mis amigos)
O quizá un niño de diez años nos compró y nos salvó de ser eliminados y ahora el niño es feliz jugando con nosotros.

Rogelio Locatti (11 años)




Quizá todo esto
esté sucediendo en un laboratorio
lleno de lupas y lentes
que nos observan y
dudan de nuestro comportamiento.

Quizá que los sorprendemos
de vez en cuando
y logramos un grito
de alegría.

O quiza
cuando fallamos
los hacemos gritar
de furia y nos
asustan con sus
rugidos de ogro
y se enojan y golpean las cosas.
Entonces las luces parpadean y
rompen en llanto.
Claro, después dicen que nosotros somos
los raros.

Quizá que sólo
se fijan en el detalle
más pequeño:
en que un hombre
tiene los cordones desatados
pero no en que ese hombre
está en guerra.

O quizá nos baten
en recipientes para
experimentar con nosotros.
Nos sacan
y con sus guantes verdes
nos empujan de un lado a
otro y nos suben y bajan
y así quedamos mareados
y llenos de curiosidad.

O quizá
ya no somos curiosidad para ellos
porque ya saben nuestras rutinas:
soñamos y tememos,
amamos y lloramos
y a diario peleamos
y no avanzamos.


Dana Ziegemann

(11 años)

jueves, 25 de agosto de 2016

Maneras de mirar

Del 29 de julio al 11 de agosto de 2016, en el Centro Cultural de Coronel Dorrego, se expuso una muestra retrospectiva del artista bahiense Rafael Martín. Allí fuimos con las chicas y chicos del Taller Literario Municipal y nos quedamos mirando mirando mirando y pensando pensando pensando.
Después jugamos a hacer y deshacer.
¡Gracias Rafael Martín por tus obras inspiradoras!








En las nubes
nubes nubecitas
nubezotas y nucolitas
priculitas.
Unas nubecitas
sin tiritas.

Emilia Chiaradia ( 9 Años)





A estirar

A estirar estiramiento estirando
estiramiencitito estiración   sí a estirar
a estiracion yo estiraré sí   estiro
sí que estiro sí.

Nacho Bullón (9 años)





Renato Dolcetti 

Plática - Renato Dolcetti





Rogelio Locatti


Nacho Bullón



Tus manos carean
tus manos mi siran
con ochos grandes
como tlatos.
Piochino piocato piobuena.
Manos
yo vié
ojos
manos
llamiras
glupsí glupití glupetís
beslabios
pañuelos esas gotas
que el gol va a salir
como tijeras.

Tus manos carean
tus manos mi siran
con ochos grandes
como tlatos.

Dana Ziegemann (11 años)



Algunas de las piezas originales de Rafael Martín en las fotos de Pablo Rodriguez:













martes, 14 de junio de 2016

Una hoja de otoño

Las poesías que están aquí fueron jugadas por Morella. Escribir es jugar con las palabras y así fue como este libro nació -dice León Peredo (padre poeta) en la presentación del libro Una hoja de otoño de Morella Justina Peredo (hija poeta), escrito entre sus 6 y 8 años.

Con la misma alegría del juego y el mismo asombro ante las palabras, seguimos jugando leyendo escribiendo en nuestro taller, a la luz de los poemas de Morella que nos regalaron una tarde mágica.

Aquí compartimos algunas poesías fuente, del bello libro Una hoja de otoño y algunas poesías inspiradas de Emilia, Dana y Rogelio.

Amarillea el aire, gracias!

De: Una Hoja de otoño, de Morella Peredo



4.

Las estrellas
conectan al sol y el
sol
conecta a la luna y la
luna
conecta una blanca
flor.

6.

El pájaro canta
alrededor de un
árbol
y cuando se hace de
noche
canta en la rama.

8.

Con el agua se lava
la cara y las
manos con jabón
el amor.

12.

El
árbol
está
feliz
porque
el
pájaro
lo
rodea.


Del taller de Dorrego:


Ya cayó
la primera gota,
el sueño del pájaro
se fue volando.



El agua es transparente,
el tul también
¿por qué el amor no?

Dana Ziegemann, 11 años




El viento por fuera
es frío
pero por dentro
es muy generoso.

Rogelio Locatti, 11 años




En los pájaros
no hay amor,
¿y si hubiera?



El agua
espera
a su amor
y mientras
da vueltas
alrededor
del pez
de la paz.

Emilia Chiaradia, 8 años.




viernes, 10 de junio de 2016

Lluvia

Llover con gracia
cuando no hay gracia.
Siempre 
irá para allá.

Cuando llueve en mi casa
la cosas de cristal
saludan
y cuando
la lluvia pasa
las cosas se ponen raras
y silenciosas.

Emilia Chiaradía ( 8 años)




Lluvia de cristales, fotografía de Pablo Rodriguez


viernes, 18 de diciembre de 2015

MUSEOLARIO






















Durante los años 2014 y 2015, el Taller Literario Municipal para Chicas y Chicos funcionó en el Museo Regional de Coronel Dorrego, lo que nos ofreció un ambiente poblado de objetos e imágenes que despertaron la curiosidad hacia el pasado y la fantasía creadora.
Con Eliset Nondedeu, encargada del Museo, inspiradas por el libro La X mágica de México, de Jorge Luján, sobre un trabajo realizado en el Museo de Antropología de Ciudad de México, (aquí el link para saber más de este libro: http://www.jorgelujan.net/laxmagica.htm) decidimos trabajar sobre una serie de piezas arqueológicas que son patrimonio de nuestro Museo.

Participaron:
Lola Unger
Dana Ziegemann
Emilia Chiaradia
Julia Matti
Tomás Matti
Rogelio Locatti
Renato Dolcetti
Mora Barrios
(todos de entre 6 y 10 años)

Aquí va una muestra de ese trabajo.
Las fotografías de las piezas las hizo Pablo Rodriguez.

Buenos días

buenas tardes
buenas noches.
Bienvenidos
señoras y señores, señoritas
niñas y niños
viejos y Jóvenes
paseantes y turistas
nativos y recién llegados.
Esto es un viaje a través del tiempo
del gran tiempo
en que los días no se cuentan en años
ni los años en siglos
ni en milenios.
Un viaje a través del gran tiempo
que se cuenta en millones de años
en millones de años.
¿La nave en que viajaremos?
Museolario
Una máquina sin motor ni aletas
una caja de sorpresas
el baúl de la abuela
el tesoro del fondo del mar.
Museolario
Súbase usted y usted y usted.
Bienvenidas
bienvenidos

150 millones de años después.






Ammonites: Fósil de un molusco cefalópodo de la era mezozoica. Entre 250 y 65 millones de años.

Ammonites:
Remolino de viento que acaba de empezar
hecho con un tenedor
molino
caracola de mar
tornado
agujero sin fondo
rulo alineado
escalera ondulada
oreja de ratón
cola de ratón
cuerno de chiva
gusano negro
uña de gato.
Reloj del tiempo que nunca termina
reloj mesozoico
reloj de mi vida
reloj de las reliquias
reloj de caracol
reloj de mar.
Ojo de camaleón
ojo de Pitágoras
ojo del tiempo
ojo oscuro
ojo de cola de serpiente
ojo que nos mira.

Mora, Emilia, Lola, Rogelio y Renato



Hace 150 millones de años que sueño.
Soñé que era una víbora pasando por un océano profundo y llegué a España.
Soñé que era un caracol y pasó un pez y lo vi.
Soñé que era una piedra y pasaba una ballena y me empujaba hacia un lugar más profundo en el mar.
Soñé que un mosquito me picaba en la espalda.
Soñé que Michael Jackson y yo bailábamos para atrás.
                              
Lola







Diente de carcharodón. El carcharodón fue una especie de tiburón prehistórico, medía hasta 20 metros de largo. Vivió entre 16 y 2,5 millones de años atrás.


Este es mi diente feroz.
Pasó de mano en mano,
de científico en científico,
de lugar en lugar.
Pero ahora está aquí
y lo tenemos.

Emilia



Era un diente de carcharodón.
Lo encontré clavado en un león prehistórico, su muela quedó.
Viento, agua. Así el carcharodón sobrevivió de la muerte…¿dónde está?
Muerto por un ave peligrosa y hermosa como una flor, una rosa. Precioso, divino y afilado diente de carcharodón.


Rogelio







Caparazones de gliptodonte. El gliptodonte fue un armadillo gigante que vivió en nuestra zona hace unos 10000 años.



Soñando

Bueno, yo soñé que estaba paseando arriba de un gliptodonte, como que estaba re-tranqui y luego vino un megaterio y dijo:
-Eh! Vos, correte gliptodonte.
El gliptodonte le contestó: -Correte vos o sufrirás, maldito.
Entonces el megaterio dijo: -Ok, vamos a pelear.
Y comenzaron a lanzase rayos por los ojos y yo como reloco comencé a gritar y el megaterio me quemó la cabeza.
El gilptodonte mató al megaterio por malote y me revivió con las siete esferas del dragón.

Renato














Puntas de flechas: Trabajadas en piedras por los pueblos originarios que habitaron en nuestra zona. Datan de unos 7500 años atrás.



Verdes, cristalinas, sangre, negro
y blanco.
Colores llueven y caen en piedras
agarradas, talladas y moldeadas
como flechas.
Ellas la muerte
han visto
visitado y querido.
Por el mundo
han pasado
rescatado y matado.

Como aguja de palo
y astilla.
Como serrucho
y cuchillo,
carne y huesos
han molido.
Como lápiz de muerto,
como gancho de árbol.

Pueden ser verdes
como el pasto
blancas como las
nubes
cristalinas como
el agua
negras como la
noche
amarillas como
el sol.
De muchos colores son
pero tienen algo
que nosotros no y es el
poder del reconocimiento.

Mora




Marfil violáceo como el agua temblando en las orillas. Mezclado con arena. Serrucho como un cuchillo. Verde claro como pasto de la selva. Una con una forma muy extraña, una flecha pájaro de plumas verdes.

Julia





Fragmento de azufre:













Fui en busca del azufre.

Me aburrí y comencé a imaginar todo lo que haría con él:
Decoraría los girasoles, buscaría una escalera y pintaría al sol.
Le tengo muchas preguntas:
¿Cuándo eras chiquito te caíste dentro del huevo
o te tirabas muchos pedos?
¿Por qué sos amarillo en vez de azul?
Si hay azufre...¿habrá azufra?
Azufre, ¿sufres?

Dana



El azufre es una cosa amarilla que la agarrás en los volcanes
o debajo de la tierra. Está en el pelo o en las uñas.
Tiene olor a pepe y a huevo podrido.
Tomás








Herramienta de piedra trabajada por los habitantes de nuestra región. Cerca de 3000 años de antigüedad.




Mortero


Tengo una cuchara que era de mi abuelo.
A él se la dio su mamá.
Oche Califa


Tengo un mortero que era de mi abuela.
A ella se lo dio el rey de los teros.
Con ese mortero
molió un huevo de ñandú
huesos del carcharodón
y de una mojarrita.
Ese mortero la acompañó
a las tierras del sur a buscar comida,
a las tierras del norte a buscar novio.
Ese mortero fue pasando de mano en mano,
de comida en comida,
de madre a hija.
Ese mortero molió el primer hueso de vaca,
molió el corazón del megaterio,
molió la pintura roja.
Es un mortero inmortal:
pasan los gliptodontes y el mortero queda,
pasa el viento con cola de ratón y el mortero queda.
¿Algún día volverá a moler?
¿Volverá a ser piedra?




Dana, Lola, Rogelio, Renato